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Manuel Valls. Primer Ministro del Gobierno de FrancesANUEL VALLS, PRIMER MINISTRO DEL GOBIERNO FRANCÉS

Nació en Barcelona en 1962. Su familia, de ideología republicana, algunos añaden “católica”, emigró a Francia. De padre pintor y de madre de origen suizo, Manuel Valls es Licenciado en Historia y obtuvo la nacionalidad francesa en 1982. De sus primeras nupcias en 1987 con Nathalie Soulié tuvo 4 hijos. Después de su divorcio en 2010, se casó con Anne Gravoin, famosa violinista que dirige actualmente la orquesta sinfónica que acompaña las giras de Johnny Halliday.

A los 17 años lo encontramos ya comprometido en las filas del PS apoyando a Michel Rocard. Consejero regional (Île de France), concejal de Argenteuil, alcalde de Evry, responsable de la comunicación en su partido, es nombrado ministro del Interior del gobierno Ayrault. Desde el 31 de marzo pasado es el primer ministro de la República Francesa, nombrado por François Hollande en respuesta al severo varapalo que sufrió el PS en las municipales de este año. Como hombre político es un social demócrata (situándose a la derecha del PS). De carácter bien templado, no duda en hacer suyas ciertas ideas de la derecha, sobre todo en materia de seguridad y de inmigración.

VALLS Y LA INMIGRACIÓN

Desde su llegada al ministerio del Interior (16 de mayo de 2012) se han ido alternando la firmeza de un Valls de carácter con formas de un cierto humanismo en la aplicación de algunas leyes. Estas son algunas de las actuaciones más importantes de Manuel Valls como Ministro del Interior:

En 2013 fueron expulsados 27.000 sin papeles, es decir unos 9.000 menos que con el gobierno de Sarkozy, aunque Valls afirmaba que él era más duro que el anterior gobierno. Sí que es cierto que la política de inmigración llevada a cabo por la izquierda en el poder es más autoritaria que la precedente.

Comenzó por suprimir la ley Guéant (ministro del interior de Sarkozy), una circular que limitaba las posibilidades de trabajo de los estudiantes extranjeros que hubieran realizado sus estudios en Francia al final de sus estudios.

En octubre de 2012 publicó una circular en la que flexibilizaba los criterios para facilitar la nacionalización de aquellos que se encontraran en una situación precaria, de los jóvenes y de los “cerebros”. Entre las medidas anunciadas figura la de los cinco años de presencia regular sobre el territorio francés, necesarios para poder efectuar la solicitud de la nacionalidad. Entonces se requerían 10 años.

En verano de 2013 anunció un proyecto de ley sobre la inmigración, pero que fue postergado a 2014. Dos leyes más estaban en el programa de su ministerio: una sobre el derecho de asilo (en abril) y otra sobre la inmigración y las tarjetas de residencia (para antes del verano). Estos proyectos siguen actualmente sin conocer la luz.

En cuanto al desmantelamiento de los campamentos ilegales de los “Roms” (rumanos y búlgaros en su mayoría), ha actuado con la misma firmeza que Nicolás Sarkozy. Se considera que solo en 2013 han sido expulsados unos 20.000 “Roms” (según la “Ligue des droits de l’homme”). Sobre los “Roms”, Valls afirmaba el 14 de marzo de 2013 que “están llamados a quedarse en Rumanía y a regresar allí”. Y el 24 de septiembre añadía que la mayoría de ellos no quieren integrarse en Francia, “sea por razones culturales o sea porque están en manos de redes de prostitución o de mendicidad” (entrevista en Le Figaro). Anteriormente, en diciembre de 2012, había suprimido la ayuda para el regreso de los Roms a Rumanía. La denuncia manifiestamente furiosa de las asociaciones y Ong’s no se hizo esperar, quejándose de esta “incitación al odio racial”. Estas afirmaciones sobre los Roms fueron calificadas de difamatorias, por lo que Manuel Valls deberá comparecer ante el Tribunal de Alta Instancia de París el jueves 28 de mayo de 2015.

Como ministro del interior Valls se forjó una reputación de “socialista de derechas”. Al ser nombrado Primer Ministro el titular de un diario decía: “El Sarkozy de izquierdas entra en Matignon”.

CALCULADOR POLÍTICO

Pero al hacer el balance de su época como ministro del interior y en lo que a política de inmigración se refiere, la opinión general es que a Valls no se le puede calificar ni de derechas ni de izquierdas. Es un calculador político.

Siendo ya Primer Ministro de Hollande (marzo 2014), en su primera aparición en el hemiciclo, hay que elogiar todo su programa referente a la política de empleo (creación de puestos de trabajo, salarios, impuestos, compromisos con los empresarios…), escuela y vivienda… dentro de las grandes orientaciones del pacto de responsabilidad y de solidaridad. Pero es curioso que en esta su primera declaración de política general, no encontremos ni una sola referencia explícita al mundo de la inmigración.

Por una parte, se dice que dos tercios de los franceses están a favor de Manuel Valls y, por otra, hemos visto que 41 diputados socialistas se abstuvieron de votar el programa de estabilidad presupuestaria que presentó en el Parlamento (265 votos contra 232). Aquí se criticó su plan de austeridad y su método de gobierno.

Desde que es Primer Ministro, no ha habido cambios llamativos sobre política de inmigración, pero nos encontramos ante dos reformas en trámite: el proyecto de reforma del asilo y el proyecto de reforma de la entrada, residencia y alejamiento de los extranjeros en Francia. Ambos proyectos, ya previstos para 2013, quedaron en suspense al dejar de ser ministro del interior y tendrían que estar listos para finales de 2014. Estos proyectos preocupan a la pastoral de la migración de los obispos de Francia y a muchas asociaciones. Van a introducir medidas que facilitan la circulación de “talentos extranjeros” (estudiantes, comerciantes, asalariados). Amnistía Internacional le ha rogado al gobierno francés que clarifique su posición ante la política migratoria. Predomina la desconfianza ante esta reforma.

Con ocasión de los resultados de las últimas elecciones europeas, las cosas no se le están poniendo fáciles al ejecutivo francés. Marine Le Pen con un éxito rotundo en las urnas, reclamó la disolución del Parlamento y la dimisión del primer ministro Manuel Valls. Este respondió inmediatamente que él no piensa dimitir. Pero en el momento de redactar estas líneas las cosas se le han complicado a Valls con ocasión de la huelga nacional de cuatro sindicatos ferroviarios (SNCF), que está exasperando a la ciudadanía en general, y particularmente cruel para los jóvenes que en estos días tenían que el famoso examen de “Bac” (la selectividad en España). El primer ministro se ha mantenido firme considerando que se trata de “una huelga inútil e irresponsable”.

Vamos a desearle a Manuel Valls, hijo de emigrantes españoles, que sepa sortear con acierto estas dificultades de la vida política francesa que gobierna, y en su decidido empeño de seguir haciendo una brillante carrera, un día los franceses decidan lo que él tanto desea: llegar a ser nada más y nada menos que el Presidente de la República Francesa. 

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