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Al servicio de los cristianos en Saint Gilles, en Bruselas

Al servicio de los cristianos en Saint Gilles, en Bruselas

93hdh1-200x300-6600570María Luz Higuera nació en Bilbao en 1946. Hija de madre costurera y padre empleado de la Renfe, llegó a Bélgica en 1958. Su padre había llegado un año antes para trabajar en la mina de carbón de la región de Charleroi. Siguiendo las pasos de sus padres, muy activos en la vida de la parroquia, Maria Luz se implicó desde muy joven en la acogida y ayuda de los inmigrantes españoles y se puede decir que es la memoria viva de la inmigración española en Bruselas y concretamente del barrio de Saint Gilles, cerca de la estación de Midi, donde se asentaron la mayoría de los españoles llegados después del acuerdo firmado en 1956, entre Bélgica y España para paliar la falta de mano de obra en las minas de Walonia.

“Para el colegio, mis padres me apuntaron en la escuela francesa y a los 4 años empecé mi primer curso. Eligieron ese colegio por dos razones: una porque mi abuelo paterno era francés y otra porque en esa época muchos colegios hacían diferencia entre los niños de clases sociales distintas (tenían uniformes distintos). En la escuela francesa, el uniforme que teníamos era el mismo para todas. Desde muy pequeña ya me gustaban los libros: nos reuníamos entre amigas y uno de nuestros juegos favoritos era recortar imágenes en las revistas que ya habían leído. Después de haberlas recortado, en diferentes tamaños, intentábamos reconstruir las imágenes: era como hacer un puzle”.
En 1957, con el fin de mejorar su situación económica, su padre decidió ir a Bélgica, para trabajar en las minas de carbón de la región de Charleroi. Fue un año después de ocurrir el accidente de mina en Marcinelle (agosto de 1956), donde murieron muchos emigrantes italianos. “Pensándolo bien, tengo que reconocer que mis padres fueron muy valientes para emprender un tal destierro a su edad: mi padre tenía 40 años y mi madre 42. En agosto del 57, mi padre dejó Bilbao, bien cargado con sus maletas y, tras cambiar varias veces de tren, llegó a la estación de Charleroi. Fue muy duro para él tener que dejar en Bilbao a sus tres seres queridos: mi madre, mi hermano y yo”. En enero de 1958 –cuando mi padre ya tenía el permiso de trabajo asegurado– salimos de Bilbao para Bélgica. Recuerdo todas las peripecias que tuvimos hasta llegar a Charleroi: un viaje bien largo. Además, mi madre pensaba que tenía ayuda conmigo ya que había ido a la escuela francesa; pero, nada más cruzar la frontera, me di cuenta de que mis conocimientos eran bien escasos”.
BUENA INTEGRACIÓN
A los pocos días de estar en Roux, la apuntaron al colegio en Jumet (tenía que ir andando durante aproximadamente 30 minutos). “A pesar de que desde un principio me integré bien entre los alumnos, el choque fue bastante duro para mí ya que me encontré siendo la más mayor de la clase y que en Bilbao era la más joven. Me acordaba con bastante nostalgia de mis amigas que había dejado en Bilbao (y que aun en la actualidad tengo contacto con ellas)”.
“Allí en Roux, mi madre trabajaba fuera de casa y hacia que nuestro hogar fuera muy acogedor. Como mis padres eran los más mayores de todos los españoles, les consideraban como “sus padres” y venían a nuestra casa para encontrar un apoyo moral. Recuerdo que mis padres nos decían que la mayor riqueza que nos podían dejar era una buena educación. Es cierto que nos han dejado unos valores muy grandes que ellos mismos practicaban: la ayuda, la acogida y el respeto hacia los demás, y también lo importante que es la vida en familia, con el dialogo entre sus miembros. Por mi parte, trataba de ayudar a los más pequeños en sus tareas escolares (lo cual también me venía bien para perfeccionar el Francés)”.
Empezó a trabajar en 1964 en los transportes internacionales y allí aprendió mucho para su profesión. Seguía cursos de noche para perfeccionarse en neerlandés e inglés. Luego, en 1969 cambió de trabajo para ir al sector de los Seguros diversos (en ese momento se encontraba empleo con mucha facilidad). Pudo seguir una formación bien adecuada para trabajar en ese sector.
En diciembre de 1959 decidieron ir a Bruselas, a Saint-Gilles en particular. Su madre empezó de nuevo a trabajar en la costura con referencia de una tienda de telas y tenía muy buena clientela belga. “Para mí fue otro choque al ir al colegio en Saint-Gilles; en efecto tenía que seguir el curso de 6° primario (como en Roux) pero como allá no se enseñaba el neerlandés, tuvo que repetir el 5°. En 1964, pocos años después de haber llegado al barrio de Saint-Gilles, en el que aún hoy vivo, se inauguró la capilla de “Jésus-Travailleur” (Jesús Obrero) cuyo nombre fue dado por un grupo de cristianos y su capellán, Emile Vandenbussche. Eligieron ese nombre para mostrar claramente que en nuestro barrio, compuesto mayormente por obreros, Jesús es el centro de nuestra fe cristiana”.
CATEQUESIS EN FRANCÉS
En 1964 empezaron a llegar muchos emigrantes españoles. Es así que sor Fabiola, de la Comunidad de las Hijas de la Caridad, fundó la Asociación Hispano Belga. Otra religiosa española, sor Montserrat, Hermanita de la Asunción, también llegó casi al mismo tiempo. “Tuve el honor de poder trabajar en estrecha colaboración con las dos y, tanto el Padre Vandenbussche como ellas, me enseñaron también mucho lo cual fue un excelente complemento de lo que ya tenía adquirido de mis padres. En 1965, empecé la catequesis en mayor parte para los niños españoles; no obstante con los otros catequistas y el capellán, decidimos para una buena integración de los niños, que la catequesis la hiciera en francés y las reuniones con los padres en español. Esa fue mi primera responsabilidad en la parroquia y actualmente aún sigo siendo catequista (a un momento dado quise jubilarme de esa vocación pero tan solo paré un año). Tuve la alegría de conocer muchas familias españolas: se hacían visitas a domicilio y así se veían las necesidades que conocían. En estrecha colaboración con la Asociación Hispano Belga y con las Hermanitas de la Asunción, trataba de ayudarles en lo que se podía”.
En 1969, como la pequeña capilla resultaba muy pequeña, se construyó la iglesia de “Jesus Trabajador”. Para su edificación hubo una estrecha colaboración entre belgas y españoles. Fue inaugurada en octubre de 1969. Como era una iglesia, el padre Emile Vandenbussche fue nombrado “Curé canonique” y se tuvo que instaurar una “Fabrique d’église”. Propusieron a supadre que hiciese parte de la Fabrique d’église y él aceptó. Sis padres fueron muy activos en la vida de la parroquia (“muchas personas me dicen que he heredado de ellos”). Emile Vandenbussche aprendió a hablar español y una vez por mes celebraban una misa en español. Cada viernes tenían el grupo bíblico en español animado por las Hijas de la Caridad: había un buen número de participantes, entre ellos María y sus padres.
EL PRIMER EQUIPO DE PASTORAL
“Con otros españoles, hice parte del primer consejo parroquial en conjunto con los cristianos belgas y cada seis meses hacíamos una asamblea parroquial para nutrir nuestras acciones”.
En el año 1978, en la parroquia, se eligieron los miembros que harían parte del primer equipo pastoral cuyos miembros trabajarían en colaboración con los sacerdotes. Entre ellos la eligieron a ella y aceptó. Para ser nombrados como equipo pastoral, necesitaban elaborar un proyecto pastoral. Lo redactaron en torno a unos valores esenciales para la vida cristiana; entre ellos estaban: los contactos, la corresponsabilidad, volver sin cesar a la fuente esencial de la fe, el buen espíritu, los medios pobres, la apertura al tercer mundo,… De ese equipo pastoral también nació un nuevo grupo que se llamó “Relais de quartier”; ese grupo se componía de unas 30 personas, belgas y españoles trabajando juntos. La misión de ese grupo era la siguiente: cada uno recibía un sector bien específico con relación a la calle donde vivía y eso ayudaba mucho para las visitas en los momentos de bautizos, comuniones, etc.
“Quisiera terminar mi testimonio dando las gracias a todos los que me han ayudado a ser feliz en mi misión y decir que actualmente, a pesar que mi salud no me permite hacer muchas cosas, tengo la satisfacción de seguir siendo activa tanto en la parroquia de “Jésus-Travailleur” como en la Asociación Hispano Belga. A parte de ocuparme del grupo de los “Seniors” hispanófonos, con otros voluntarios que agradezco infinitamente, hago también parte de la “junta directiva” y doy clases de francés, lengua extranjera, para muchos emigrantes que siguen llegando. En la parroquia de “Jésus-Travailleur” la nacionalidad de la mayor parte de los feligreses ha cambiado; actualmente sigue con una buena participación de la comunidad brasileña; son emigrantes jóvenes como lo fuimos nosotros en los años 60, tienen una devoción ejemplar y la mayor parte de ellos trabajan en el mundo obrero.

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