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Jóvenes… ¡Circulen!

Jóvenes… ¡Circulen!

punto_de_vista89-300x199-4269699En España habrá que empezar a prever una migración circular a partir de los recientes casos de la salida de jóvenes en torno a los 24 años que tras acabar sus estudios no encuentran  un empleo (y menos cualificado) y las derivaciones subsiguientes a esa carencia: dificultad de vida independiente y de crecimiento en el desarrollo personal, en formar familia, en participar sosegadamente en el desarrollo del país, etc. Sostener esta situación hacia el interior solo con la pensión de jubilación de los mayores empieza a ser además de común algo muy triste.

>Hubo no hace mucho una  publicidad llamativa en la  campaña alemana para la búsqueda de trabajadores cualificados (fundamentalmente ingenieros y personal sanitario) y se dispararon las alarmas mediáticas ante “llamadas” parecidas provenientes de muchos medios que dieron titulares muy llamativos: “Fuga de Cerebros”, “Volvemos a los 60”, “Vente a Alemania Pepe…”
El concepto de “migraciones circulares” produce reacciones adversas por un lado y favorables por otro… Una parte sustantiva de las migraciones motivadas por razones  socioeconómicas y asociadas a la movilidad laboral supone una clara ruptura con los elementos culturales, de vida cotidiana, y con las redes sociales de su país de origen y producen consecuencias no deseadas. La contribución más visible de su esfuerzo son las remesas económicas. Las migraciones circulares sin embargo incorporan la noción de regreso y permite reintegrar a sus orígenes un capital humano (más) formado y cualificado manteniendo además la calidad de vida afectiva y emocional en los migrantes y su entorno familiar. Integra, además, la intensificación de la relación entre las sociedades y simplifica los problemas que supone la convivencia entre sistemas culturales o religiosos contradictorios. Y aunque su ámbito está definido fundamentalmente por la migración económica no hay que excluir otro enfoque migratorio especialmente importante: la migración no económica, donde la motivación es el buscar nuevos horizontes vitales, explorar estilos de vida alternativos, huir de la violencia (política, estructural…), etc.
Pero en lo que afecta los españoles conviene precisar. Según un reciente estudio del Real Instituto Elcano ( 17 de enero de 2012), el reciente aumento de la cifra de españoles residiendo en el extranjero refleja fundamentalmente la salida de nuestro país de miles de inmigrantes nacionalizados, junto con el crecimiento de la cifra de latinoamericanos de origen familiar español, nacionalizados españoles en sus países en aplicación de la Ley de la Memoria. Mientras que la salida de españoles autóctonos hacia otros países es pequeña y queda superada por la migración hacia España.
Algunos datos: Según el INE, los españoles que dejaron España para ir a otro país de la UE fueron 6.494 en 2004 y 15.720 en 2010. Mientras que 995 españoles se fueron a Alemania en 2004, en 2010 lo hicieron 2.458. En el caso del Reino Unido, 1.806 se fueron en 2004 y 4.520 en 2010. Y en cambio España como destino de inmigración desde países europeos de población en edad laboral ha decrecido notablemente. Mientras que en 2004, 32.894 ciudadanos del Reino Unido (16-64 años) vinieron a España, en 2011 fueron 11.554. En el caso de los ciudadanos alemanes, el pico se alcanzó en 2006 con 12.034 personas, mientras que en 2010 se redujo a 6.138,
La  revista “Razón y Fe” (Marzo 2012) hace una valoración ciertamente interesante: “La movilidad de trabajadores jóvenes y cualificados dentro de la UE, nos parece que aporta un valor añadido en lo referente a la formación de estos trabajadores, la integración de la propia Europa y la mejora de su capacidad tecnológica. Sin embargo, no podemos ver con buenos ojos que esta movilidad sea unidireccional y forzada, producto de la incapacidad del mercado laboral de un país para absorber a sus jóvenes más cualificados. Nos parece un derroche que la educación pública dedique ingentes esfuerzos económicos y personales en una formación de personas que luego no va a tener el retorno esperado. Nos parece un pésimo síntoma de nuestro sistema productivo que no sea capaz de absorber a los jóvenes y nos parece un empobrecimiento nacional grave que a la salida de jóvenes españoles cualificados no corresponda una llegada de jóvenes de otros países igual de bien formados”.
NO SE TRATA DE MOVERSE POR MOVERSE
La  situación de la terrible crisis en la que nos encontramos ha producido sin embargo entre otros efectos una movilidad internacional de trabajadores que puede ser positiva. Dicha movilidad ha de ser muy bien prevista en origen. No se trata de moverse por moverse. Ni se trata de asustarse o no ante los números de salidas de jóvenes al exterior –pocos estadísticamente– que la prensa española se encarga de titular en estos meses con más o menos acierto. De lo que se trata es de que independientemente del número, seamos sensatos en los porqués, y autocríticos con “nuestro sistema económico/cultural que van más allá de una falta de trabajo o de un mercado de trabajo demasiado rígido y que  se refiere a una falta de reconocimiento del valor de la formación, una falta de reconocimiento de la valía personal, un vivir por encima de nuestras posibilidades buscando las ganancias rápidas y fáciles en detrimento de inversiones más costosas y de más largo plazo y una excesiva endogamia a todos los niveles”.
Jóvenes… ¡circulen! (dentro o fuera) pero conscientes de las causas y sabiendo el horizonte del camino.

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