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Treinta años con los emigrantes y los que hagan falta

Treinta años con los emigrantes y los que hagan falta

hdh97-1-300x219-9137093Luis Íñiguez González, 64 años, vasco de nacimiento y europeo de vida, sacerdote de la diócesis de Vitoria desde septiembre de 1974, lleva treinta años de capellán de emigrantes en Béziers y en toda la diócesis de Montpellier (Francia), concretamente desde1983, cuando recibió el nombramiento firmado por Angel Sánchez de Muniain y Manuel Casares Hervás.

Su primer contacto con la comunidad española de Béziers fue en septiembre de 1973. “Fuimos un grupo de seminaristas de Vitoria para hacer la vendimia en una propiedad a 5 kilómetros de Béziers. Esto nos permitió vivir los diferentes pasos de los vendimiadores: pasaporte válido solo un mes si se estaba en edad militar, largas esperas en las estaciones cargados de bultos, varios transbordos antes y después de la frontera, el humillante control médico de cien personas a la vez en la misma sala,…”.
Pero el tiempo (tres semanas) era demasiado justo para conocer la comunidad de Béziers. Diez años más tarde, en 1983, “también en septiembre, llego como capellán de la comunidad española. El padre Blas Giménez, fundador de la misión española, había fallecido repentinamente en junio. Con su muerte acababa una etapa que había comenzado a principios de los años 50”.
La diócesis de Montpellier le acogió como a uno de sus sacerdotes “y siguiendo el consejo del obispo de entonces, Louis Boffet, siempre he formado parte de diversos equipos parroquiales de la diócesis, lo que me ha permitido conocer bastante a fondo y sobre el terreno la comunidad española; mi misión no se ha limitado a la diócesis de Montpellier ya que, sobre todo en periodos de trabajo temporero, acompañaba los emigrantes en las diócesis de Carcassonne, Nimes y Avignon”.
Había que continuar la misión, la gente estaba allí y los equipos de animadores también: las hermanas teresianas de Montpellier, Pilar Casas y el equipo ACO (Acción Católica Obrera) en Sète y las hermanas misioneras de Béziers.
La capellanía española de Béziers iba de Bédarieux a Olonsac. En una quincena de pueblos, en la zona de Béziers y Minerva (junto a Narbona) existían pequeños grupos de españoles que se reunían para comunicar experiencias, para pasar informaciones sobre la condición de la vida emigrante y que eran particularmente activos en ciertos momentos del año: vendimias y otros trabajos temporeros. Una vez al trimestre, un domingo, los delegados de estos equipos se reunían en el hogar español de Béziers (16 rue de la Rotonde) en una jornada de encuentro, reflexión, formación, información, una especiede retiro. La inmensa mayoría de la gente que participaba en las actividades había venido a finales de los años cincuenta.
MUCHAS ACTIVIDADES
Las hermanas de La Rotonda acompañaban los equipos en los pueblos y, el primer domingo, la misa en español acogía a unas cincuenta personas.
“Durante estos años hemos sido testigos de varias realidades: la vuelta a España, en el momento de la jubilación, para muchos; los jóvenes que se dispersaron poco a poco; la desaparición de ciertas personas que habían sido unos verdaderos pilares de la comunidad”.
“Pero estábamos allí, con las religiosas y un puñado de laicos siempre fieles. Había una veintena de actividades animadas por las hermanas y por el equipo de la capellanía a La Rotonda y en los pueblos. Todo esto iba desde los equipos VEEA (Vivre l’Evangile Ensemble Aujour’dhui), Acción Católica General, Comité Oscar Romero… hasta las actividades culturales, el apoyo escolar, la música y el baile. En los tiempos fuertes como la Navidad y otras celebraciones festivas la sala de la Rotonda «era demasiado pequeña». El Día de la Amistad en Baldy, a finales de junio reunía unas 500 personas, venía gente hasta de Marsella”.
Tres ideas animaban este grupo: ahondar la fe, compromiso en el mundo emigrante y permanecer fieles a la identidad española en la lengua y la cultura.
El año 2011, las hermanas misioneras y la capellanía dejaron los locales de La Rotonda, para vivir en la casa cural de la iglesia de St Jacques, en Béziers (51 place Saint Jacques). “Cuando se anunció esta decisión, las lágrimas aparecieron en los ojos de todos los asistentes. El paso no fue fácil, pero las hermanas están siempre allí, abiertas a otras realidades, siempre en el mundo emigrante. Tienen ideas y proyectos que habrá que desarrollar, siempre dentro de la pastoral local”.
“Siendo cura párroco de tres unidades pastorales (en el Alto Languedoc), mi presencia quiere ser lo más eficiente posible: acompaño al equipo y aseguro una misa al mes. Y también me desplazo a Montpellier o a Sète para visitar familias, celebrar entierros, alguna boda, etc.”.
“No olvido a los sacerdotes que me acompañaron en esta presencia a la comunidad de Béziers, Claude Azéma, Bernard Lassalvy, Gui Lauraire y Michel Christol (ya fallecido) como delegados diocesanos de pastoral de emigrantes, todos profundamente ligados a la comunidad española”.
Pero esta generación “jubilada” está ahi deseando encontrarse, acudiendo a las celebraciones que se organizan y a los grupos de reflexión, en los que encuentran un apoyo del grupo. También visita hospitales, residencias,…
TREINTA AÑOS DESPUÉS
Han pasado 30 años y sigue en el puesto; la emigración española ha cambiado, la gente que conoció en plena actividad hoy está jubilada en su mayoría. “Los jóvenes ya no se consideran emigrantes”.
Luis sigue considerando muy importante una presencia, alguien que pueda acompañar en los momentos importantes: enfermedad, entierros… a la comunidad española y a los temporeros (especialmemnte vendimiadores).
La diócesis de Montpellier está de acuerdo en mantener esta presencia sobre todo porque la emigración española tiene una experiencia que puede ayudar (y ayuda) a los nuevos emigrantes (hispano-americanos, africanos,…). La diócesis tiene un territorio doble que Vitoria, tres veces más de población y prácticamente el mismo número de sacerdotes activos, por lo que tiene mayor necesidad de sacerdotes. De hecho, en el equipo donde está Luis, son dos sacerdotes que tienen tres unidades pastorales rurales (dos en zona meditérranea y una en zona atlántica) que representa treinta iglesias (sin contar aldeas, granjas,…).

La experiencia de Luis Íñiguez con los temporeros de Valle de Matamoros

Valle de Matamoros es un pueblo de la provincia de Badajoz desde el que todos los años venían trabajadores temporeros. Venían para una temporada de trabajo en la manzana, de mayo a octubre, a una finca llamada Campuget cerca de un pueblo llamado Manduel en la zona de Nimes. Yo les visitaba, les llevaba periódicos y se mantenia una comunicación, informaciones laborales, etc. Incluso visitas al hospital a alguno que se puso enfermo. Yo era el cura español que iba de Montpellier a visitarles y pasar un buen rato con ellos
Volvieron durante un par de temporadas y, luego, se acabó: un problema de contrato en un mal año agrícola, los desasimó.
Lo cierto es que la vida de los temporeros era dura. Viviendo a unos cinco kms. del pueblo más cercano, sin medios de desplazamiento. Permanecían alli encerrados en la finca, después del trabajo de 8 a 10 horas al dia según las temporadas y urgencias (les pagaban 27 francos a la hora), cultivaban un pequeño huerto que les daba ensaladas, legumbres, etc. Uno de ellos hacia de cocinero y trabajaba en el campo solo por la tarde. Yo los visitaba una o dos veces al mes, los domingos por la tarde. El domingo era su única salida: por la mañana o justo después de comer hacían a pie los cinco kms. a la cabina telefónica más próxima para hablar con la familia.
El año 86 durante las visitas hice diapositivas de la vivienda, el campo, las condiciones de vida, el grupo (eran unos 12). Ese verano del 86 me presenté en el Valle de Matamoros por la fiesta del 15 de agosto. Reunimos a todas las familias y proyectamos las diapositivas. La gente reconoció a los suyos y donde vivian; después fuimos visitando a las familias de los temporeros y saqué diapositivas de las familias.
Los dos dias que pasé en Valle de Matamoros me ayudaron a descubrir una gente austera acogedora y agradecida. El diía quince de agosto había música y baile en la plaza, pero las mujeres de los temporeros escuchaban la música delante del portal de sus casas, estando sus maridos ausentes no tenían derecho a participar de la fiesta”.

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